
Amaia
Egaña -quien se arrojó desde la ventana de su vivienda antes de ser
desahuciada- es la última consecuencia de un sistema bárbaro e injusto
para las personas. Es la última consecuencia de un sistema creado para
las corporaciones. Curioso cuanto menos es que en un mundo absolutamente
materialista el régimen se base en fortalecer algo que ni siquiera es
físico, pensándolo bien, que ni siquiera existe. ¿Qué son bancos y
empresas comparados con la vida? Bajo mi perspectiva, nada en absoluto.
Ahora, en un acto de populismo de lo más hipócrita y miserable, los
partidos urgen cambiar la ley para frenar los desahucios. Parchearán de
nuevo una ley impopular para limpiar su imagen, aunque a estas alturas
de la película el maquillaje no sirve de nada, ya que no tapa el olor a
podrido del capitalismo que unos y otros defienden. Con la tasa de
suicidios por las nubes, 500 familias arrancadas de su hogar cada día,
el paro en cifras catastróficas, millones de personas bajo el umbral de
la pobreza, etc, etc, etc... Ni es crisis, ni es estafa. El problema se
llama capitalismo. Y no está en quiebra ni mucho menos, únicamente está
enseñando su verdadera cara, dejando un rastro de muerte a su paso.