Personas y personitas
que caminan muy deprisa, pensando en alguna meta en el puerto de las falsas
ilusiones. Coches, motos y autobuses dejando un rastro de consecuencias
nefastas para la vida.
Ruido. Humo.
Desorientación.
No sé donde estoy y
tampoco recuerdo el sitio del que salí. Tengo la sensación de haber estado
dando vueltas y vueltas sobre mí mismo, andando en círculo y rodeado de una
sombra que inunda cada centímetro de este extraño y desolador lugar. Un anciano
se acerca y me pregunta la hora. Mi respuesta es seca, brusca y maleducada. El
hombre se va murmurando enfadado. Estoy tan solo que ni siquiera soporto el
contacto humano. Pero eso aquí es lo normal. Miles de individuos se cruzan
diariamente rozándose, pero no se ven. Son pasto de unas llamas infinitas
devoradoras de sueños. El mundo es un volcán, y nosotros, la lava que lo arrasa
todo.