miércoles, 2 de mayo de 2012

SITUACIÓN CRÍTICA


La situación en la ciudad parece ser más crítica a medida que pasan los días. La gente se amontona en largas filas a las puertas de oficinas de empleo y organizaciones de caridad. La policía controla cada centímetro de calle, al menos eso nos quieren hacer creer. Hoy parece que ni el Sol está dispuesto a salir, la luz del día es triste y gris, como las miradas que nos encontramos al caminar. Dicen en la tele que todo esto pronto mejorará pero sabemos que caemos en picado y que no nos vamos a salvar. Cruzado el punto de no retorno no hay vuelta atrás. En los pueblos la realidad tampoco es demasiado halagüeña. El salvaje capitalismo destruye a los pequeños productores imponiéndoles unos precios de venta que en muchos casos no alcanzan para cubrir gastos. Es por esto que se ven obligados a vender sus terrenos a grandes terratenientes que les esclavizarán para el resto de sus días. La situación de nuevo es crítica. Millones de personas explotadas por el Gran Engranaje. Sin opción alguna de escapar. Muchos lloran, otros rezan y unos cuantos más destruyen su cuerpo y su cerebro llenándolos de tóxicos en un vano intento de evasión. Evidentemente esto no soluciona nada. De todas las ventanas que nos rodean solo en una se puede ver la luz, y ésta es la de la acción colectiva. En el marco en el que nos encontramos actualmente la individualidad únicamente empeora el estado de la cruda realidad, haciéndola aún más hostil para la gran mayoría. Juntando la fuerza de quienes queremos que este mundo sea un buen lugar para vivir y disfrutar quizás consigamos que el Sol vuelva a salir más grande que nunca.

Soledad en la sobrepoblación





Personas y personitas que caminan muy deprisa, pensando en alguna meta en el puerto de las falsas ilusiones. Coches, motos y autobuses dejando un rastro de consecuencias nefastas para la vida.
Ruido. Humo. Desorientación.
No sé donde estoy y tampoco recuerdo el sitio del que salí. Tengo la sensación de haber estado dando vueltas y vueltas sobre mí mismo, andando en círculo y rodeado de una sombra que inunda cada centímetro de este extraño y desolador lugar. Un anciano se acerca y me pregunta la hora. Mi respuesta es seca, brusca y maleducada. El hombre se va murmurando enfadado. Estoy tan solo que ni siquiera soporto el contacto humano. Pero eso aquí es lo normal. Miles de individuos se cruzan diariamente rozándose, pero no se ven. Son pasto de unas llamas infinitas devoradoras de sueños. El mundo es un volcán, y nosotros, la lava que lo arrasa todo.